• Marina Beltrame

La vie en rose



¡Tiempo de rosados! Cuando finalmente llega el calor toman más protagonismo los vinos claros, espumosos, blancos y rosados.

Si bien las nuevas tendencias gastronómicas, como la cocina peruana, la tecnoemocional y la fusión, entre otras, invitan cada vez a beber distintos vinos, la época del año juega un rol importante y el calor tienta a elegir vinos rosados.

Se logran a partir de las uvas negras (tintas) que mediante una infusión corta de los hollejos en el mosto, se obtiene el color y la intensidad aromática deseada.

Suelen presentarse secos, algo que permite armonizar con platos a base de pescado, prácticamente de todos los tipos y cocciones, arroces, carnes blancas, patés, fiambres, y más.

Siguiendo la teoría del maridaje por color, el salmón, el atún rojo, el tomate entre tantos otros, se llevarán de maravillas.

Luce muy bien como aperitivo y vino de recepción, ya que es muy agradable también beberlo solo.

Otro lugar bien ganado es cuando se presenta un menú de pasos, ante una propuesta variada en preparaciones, texturas y sabores se necesitan vinos distintos y acordes; así los blancos o rosados resultan más convenientes por su ligereza y frescura.

Hoy muchas bodegas ofrecen vinos espumosos rosados, y la tendencia se mantiene en proponer vinos de un tono muy pálido al estilo de los rosados de la Provence, en Francia

Algunos rosados tienen azúcar residual y respetando la premisa “el postre no debe ser más dulce que el vino”, se pueden encontrar buenas alianzas sobre todo en preparaciones que incluyen frutas frescas.

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